Desde las naranjas “valencianas” hasta la mismísima Torre Eiffel, pasando por videojuegos, playas y hasta la imprenta. La historia oculta de Huelva demuestra que, si no existiera, habría que inventarla.
- Las
naranjas de Valencia. Lo de “Valencia” es puro marketing. La mayoría
salen de huertos de Aljaraque, Gibraleón, San Bartolomé y pueblos de
Sevilla. Lo de Valencia era solo la pegatina.
- Mahou
y San Miguel. Antes de convertirse en el gigante cervecero que
conocemos, Mahou ya fracasó en Gibraleón hace 120 años. Allí compró una
fábrica llamada La Girafa. Sí, el nacimiento de Mahou fue en
Huelva… y también su primera resaca.
- Las
vigas de la Torre Eiffel. El hierro de la Cuenca Minera viajó a París
para levantar la torre más famosa del mundo. Y por si quedaban dudas, el
Muelle del Tinto también se construyó con las mismas vigas.
- The
Legend of Zelda. Link, cuyo verdadero nombre era Luciano y era de
Paymogo, se ganó el título de héroe tras matar a un jabalí llamado
Ganondorf que casi mata a su prima Sara (a la que luego llamaron Zelda).
Todo ocurrió bajo los efectos de una seta con forma de triángulos.
- Matalascañas
es de Huelva, no de Sevilla. Aunque a los sevillanos les duela, la
playa es de Huelva. Y punto.
- El
inventor de la imprenta. Johannes Gutenberg fue un simple “copión”. El
verdadero pionero fue Mohamed Anaya, natural de Huelva, quien descubrió la
impresión tras observar cómo las lapidaciones dejaban huella en la cara de
los ajusticiados. Su idea fue sencilla: sustituir piedras por tinta y
papiro.
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