La fiebre del deporte, las ensaladas de quinoa y la kombucha están dejando sin relevo generacional a la Asociación de Alcohólicos Anónimos de la provincia, que ahora reclama “savia nueva” entre los más jóvenes.
La entidad, que durante décadas fue un refugio para miles de
trabajadores con problemas de copa, afronta su mayor crisis: la ausencia de
juventud interesada. “Los chavales ya no beben como antes, se hidratan, hacen
yoga y encima se levantan temprano. ¿Así cómo van a venir a nuestras
reuniones?”, lamenta el portavoz local.
Ante esta situación, la asociación ha decidido abrir una convocatoria
exprés para jóvenes entre 18 y 35 años que cumplan un único requisito:
haber probado el alcohol en algún momento de su vida y haberlo dejado. “No
pedimos que hayan tocado fondo, nos conformamos con que se hayan pillado una
buena resaca en un botellón y hayan dicho ‘nunca más’”, explican.
El objetivo es garantizar la continuidad generacional de las
terapias colectivas, tradicionalmente animadas por anécdotas de bares, bodas y
bautizos, pero que corren el riesgo de convertirse en silencios incómodos
acompañados de agua con gas.
Mientras tanto, en la provincia se estudia incluso lanzar
una campaña con el lema: “Si dejaste de beber, no lo guardes en secreto:
hazte anónimo con nosotros”.
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