Lo que en otras latitudes se llama “otoño”, en Almonte se ha
transformado este año en un veranillo del membrillo apocalíptico, con el
Guadalquivir convertido en criadero oficial de mosquitos XXL. La ausencia de
fumigación en las marismas ha desencadenado una nube bíblica de insectos que
amenaza con tragarse hasta la romería de la próxima primavera.
Vecinos desesperados han improvisado soluciones caseras:
desde mosquiteras electrificadas (que ya rivalizan en potencia con un
microondas) hasta lámparas ultravioleta que convierten cada noche en un rave
entomológico.
“Es imposible dormir, parece que vivimos dentro de una
flauta dulce”, asegura un afectado que prefiere mantener el anonimato por miedo
a represalias del lobby mosquitero.
Turismo y cultura en riesgo
El Ayuntamiento teme que esta invasión pueda desplazar a las
tradicionales atracciones locales. “¿Quién va a venir a ver Doñana si ya
tenemos un safari nocturno de mosquitos gratis?”, se preguntan fuentes
municipales.
Mientras tanto, asociaciones vecinales han solicitado a la
Junta de Andalucía que declare el fenómeno como Patrimonio Insoportable de
la Humanidad, antes de que la plaga organice su propio pleno municipal.
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