La ciencia lo confirma: la radiestesia es real. Lo que
antes se tildaba de superstición, ahora se entiende como física cuántica
aplicada: las varillas y péndulos actúan como observadores, detectando si el
agua —o los males— están y no están a la vez.
Lo que hasta ayer se consideraba cosa de magufos, hoy entra
en la historia oficial de la ciencia: la radiestesia es real.
Investigadores han confirmado que las varillas, péndulos y horquillas que
usaban nuestros mayores no eran brujería, sino auténticos detectores cuánticos.
El principio es sencillo de explicar, aunque complejo de
aceptar: los estímulos eléctricos, magnéticos y radiaciones emitidos por el
agua (o por tus males de amores) pueden ser percibidos por el ser humano
gracias a estos objetos. El secreto, según el estudio, está en que las
varillas actúan como “observador cuántico”, al estilo del gato de
Schrödinger: el agua está y no está a la vez, hasta que tu abuela con la
horquilla lo confirma.
Durante décadas, científicos se reían de los zahoríes de la
provincia, pero ahora tienen que tragar saliva: en Huelva, la radiestesia se
usó no solo para encontrar pozos de agua, sino también para diagnosticar
enfermedades, buscar llaves perdidas y, según algunos, hasta localizar el choco
fresco en la lonja.
El estudio concluye que entramos en una nueva era: “Magufos
no, pioneros sí”. La ciencia finalmente reconoce lo que ya sabían nuestros
abuelos: que con dos varillas y fe cuántica se puede cambiar el mundo… o al
menos llenar un aljibe.
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