Dos hermanos de Gibraleón han conseguido lo que
parecía imposible: unir el tapeo de aceitunas con la cerveza en un solo trago.
El resultado, Oilbeer, ha cruzado la frontera y arrasa en Portugal, donde ya la
confunden con aceite virgen extra de importación.
En Gibraleón, donde el olivo es más abundante que los
badenes y las peñas rocieras, dos hermanos han conseguido lo que parecía
imposible: convertir la aceituna en una cerveza y, de paso, a Portugal en su
mejor cliente.
La empresa Oilbeer, fundada hace casi tres décadas
“con más ilusión que levadura”, llevaba años hermanada con otras marcas sin
hacer mucho ruido. Hasta ahora. Porque su nueva creación, la cerveza de
olivas, ha revolucionado las redes sociales y, por algún extraño motivo, ha
conquistado primero a los lusos, que la han adoptado como si fuera una prima
lejana del bacalao.
Los ingredientes son tan mediterráneos que podrían servir de
excusa para una dieta saludable: olivas, lúpulo, agua, levadura y sal.
El resultado es una bebida de textura suave, aunque sospechosamente parecida al
aceite de la cooperativa.
Pero los olontenses no piensan quedarse aquí. Según han
confirmado en rueda de prensa improvisada en el bar de la esquina, ya preparan
dos nuevas bombas gastronómicas: Gurumelobeer (con auténticos gurumelos
de la zona, para los amantes del monte) y Esparragosbeer, destinada a
los paladares más finos del Andévalo y la Sierra. “De ahí, al mundo. O al menos
a la feria de San Lucas”, afirmaron los creadores con una caña en la mano.
La duda que queda en el aire: ¿será el futuro de la cerveza
andaluza verde oliva o verde espárrago?
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