Un antiguo tratado medieval ha desatado la última crisis
internacional: Portugal exige a la Unión Europea modificar la frontera con
España y quedarse con media presa, parte de Extremadura y un trozo de Galicia
“para cuadrar el mapa”.
La historia comienza en la Edad Media, cuando un documento
mal archivado en un monasterio estableció que la frontera entre España y
Portugal debía seguir el cauce del río Guadiana y, posteriormente, del Chanza.
Sin embargo, el problema llega tras la presa y central hidroeléctrica del
Chanza, donde el río se bifurca.
Portugal ha presentado una demanda formal a Bruselas para
que la frontera se trace por la bifurcación de la derecha, lo que le permitiría
quedarse con la mitad de la presa del Andévalo. Según Lisboa, “es lo justo:
España se queda la parte aburrida y nosotros la que tiene más vistas”.
Pero las ambiciones lusas no acaban ahí. Portugal también
exige territorios de Extremadura y Galicia, aunque no han aclarado si es por
razones históricas o simplemente porque les gustan las tapas de allí.
Fuentes diplomáticas aseguran que el Gobierno español está
“preocupado, pero no mucho”, ya que la mayoría de ministros no sabían ni dónde
estaba el barranco de Trimpancho hasta hoy.
Mientras tanto, en las aldeas cercanas a la frontera, los
vecinos temen por su futuro inmediato: “Si vienen los portugueses, que al menos
traigan pasteles de Belém”, declaraba un onubense resignado mientras miraba el
río.
Bruselas, por su parte, aún no se ha pronunciado
oficialmente, aunque varios eurodiputados han admitido en privado que no
entienden nada del conflicto: “A nosotros nos han dicho que todo esto es por un
río que se parte en dos y una presa que da luz a cuatro cabras”, confesó uno de
ellos.
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